GUIA TRATAMIENTO DEL CANCER



Tratamiento Del Cáncer

El origen del cáncer está en el desequilibrio del pH


Número 181 - Abril 2015

Tiempo de lectura: 22 minutos


El número de investigadores que insiste en la necesidad de sustituir el obsoleto paradigma oncológico actual por uno nuevo que permita entender y afrontar el cáncer de otra manera es cada vez mayor. Investigadores para los que la clave está en el pH, es decir, en el necesario equilibrio ácido-base de todos los tejidos y órganos del organismo. Y de ahí que atendiendo al hecho de que los tumores son ácidos algunos propongan usar sustancias tampón -como el bicarbonato sódico y las sales de ácido cítrico-, otros inhibidores de la bomba de protones -como el omeprazol y similares- y algunos más un tratamiento integral que permita que el propio organismo se autorregule y resuelva poco a poco el problema recuperando la homeostasis. Algo para lo que es absolutamente fundamental una desintoxicación a fondo y una alimentación adecuada. Lo explicamos en detalle.



El número de fallecidos por cáncer aumenta año tras año -es así por mucho que se intenten disfrazar las cifras- y de ahí que cada vez más investigadores entiendan que ha llegado la hora de abandonar el obsoleto paradigma oncológico actual y apostar por un nuevo modelo que explique el origen y la evolución de la enfermedad a fin de poder prevenirla y plantear tratamientos realmente eficaces dado el fracaso de los actuales protocolos de abordaje terapéutico (cirugía, quimio y radioterapia). Algunos de ellos siguen sin embargo pensando que el cáncer es producto de fallos genéticos y por tanto hay que actuar sobre los genes defectuosos mediante ingeniería genética apostando por tratamientos no naturales que implican manipular y violar la integridad del ADN del enfermo en la esperanza de que ello no provoque más problemas de los que pretende arreglar en una estrategia similar a las de quienes dan al paciente todo tipo de venenos a dosis pautadas para reducir el tamaño de los tumores destruyendo las células cancerosas y muchas de las sanas en la esperanza de que ello no termine matando al paciente… como finalmente ocurre en realidad en buena parte de los casos.


Otros en cambio discrepan de esta línea y postulan la necesidad de apostar por métodos naturales que respeten la integridad física y mental de la persona entre los cuales hay tanto oncólogos como expertos e investigadores de otras muchas disciplinas. Es el caso -como ya hemos contado en otras ocasiones- de quienes agrupados en la Sociedad Internacional para el Estudio de la Dinámica de Protones en el Cáncer (ISPDC) –entidad que hace unos meses cambió su denominación por la de International Society of Cancer Metabolism (ISCaM) o Sociedad Internacional del Metabolismo del Cáncer por lo que a partir de ahora nos referiremos a ella en esos términos- sostienen que todos los tumores tienen muchos más factores en común que diferencias entre ellos y deben pues abordarse de la misma manera y en el mismo punto del proceso biológico (aclaremos que aunque el término protón se refiere a toda partícula subatómica con carga eléctrica elemental positiva se usa asimismo para definir al ión de hidrógeno o hidrogenión y es éste el significado que debe darse cuando los miembros de esa sociedad se refieren a él). El enfoque de los ya más de 150 miembros de la ISCaM provenientes de universidades y centros de investigación punteros de más de 30 países se basa en la constatación de que en todos los tumores malignos hay un gradiente de protones anormal -entendiéndose éste como el desequilibrio entre el pH intracelular (pHi) (debemos matizar que cuando los oncólogos usan esta expresión se refieren en realidad al pH del citoplasma o citosol de la célula) y el pH extracelular del interior del tumor (pHe) siendo el primero en toda célula cancerosa alcalino y el segundo muy ácido. Exactamente lo contrario que sucede en un tejido sano donde el pH intracelular es relativamente ácido y el extracelular alcalino. Equilibrio que depende principalmente del intercambiador sodio-potasio (Na+/H+) aunque también pueden influir alguno -o todos- de los otros cinco transportadores de protones: las bombas de protones vacuolares o V-ATPasas, los transportadores de monocarboxilato o MCTs, el  intercambiador Cl-/HCO3, las anhidrasas carbónicas -principalmente la CA IX- y la ATP sintasa. Es más, una actividad excesiva de los mismos -que puede ser inducida por numerosos factores de distinta naturaleza- se correlaciona asimismo con un aumento del pH intracelular -es decir, con la alcalinización del interior de las células tumorales- y a la vez con una acidificación del exterior de las mismas en el interior de los tumores. Siendo a la alcalinización intracelular a lo que estos expertos achacan la transformación de células normales en malignas y el factor más importante del crecimiento tumoral, la invasión local y la activación del proceso metastásico.


Dicho esto recordemos que a finales de 2013 un grupo de investigadores entre los que había oncólogos de reconocido prestigio internacional como Salvador Harguindey, Jose Luis Arranz, Julian David Polo Orozco, Cyril Rauch, Stefano Fais, Rosa Angela Cardone y Stephan J Reshkin publicó en Journal of Translational Medicine un trabajo centrado en la utilidad potencial de fármacos que inhiben selectivamente el intercambiador sodio-potasio (Na+/H+). Como el cariporide; de hecho el artículo se titulaba Cariporide and other new and powerful NHE1 inhibitors as potentially selective anticancer drugs/An integral molecular/biochemical/ metabolic/clinical approach after one hundred years of cancer research (El cariporide y otros nuevos y potentes inhibidores del NHE1 como potenciales medicamentos anticancerígenos selectivos. Aproximación molecular, bioquímica, metabólica y clínica integral tras cien años de investigación sobre el cáncer) y entre sus conclusiones se recogían una serie de puntos algunos de los cuales queremos destacar:


1) La causa primordial del cáncer es la alcalinización intracelular de las células sanas que se «cancerizan» por ello.


2) El planteamiento de inhibir el intercambio de protones como tratamiento del cáncer es un enfoque novedoso que permite integrar desde la transformación celular y el metabolismo hasta el crecimiento local, la invasión, la neovascularización y la activación y progresión del proceso metastásico.


3) Desde este enfoque, el principal objetivo para afrontar el cáncer es acidificar el pH de las células cancerígenas pues ello inhibiría o disminuiría el crecimiento de los tumores malignos controlando su potencial metastásico. “Este enfoque terapéutico -dice concretamente el trabajo- es mucho más selectivo y por tanto mucho menos tóxico que cualquier tratamiento actual por lo que probablemente constituye una terapia más eficaz que cualquiera de las formas de quimioterapia conocidas hasta la fecha; con posibilidades reales de convertirse en una estrategia exitosa en el tratamiento del cáncer humano en general”.


4) Para estos expertos el Premio Nobel Otto Heinrich Warburg se equivocó al postular que la principal razón de que las células sanas se «cancericen» es que al encontrarse en un entorno falto de oxígeno se ven obligadas a utilizar la vía de la fermentación anaeróbica de la glucosa para sobrevivir. A su juicio la causa esencial de que una célula se malignice es que su pH intracelular se vuelve muy alcalino al afectar negativamente factores de muy diferente naturaleza a los intercambiadores de protones. Entre ellos muchos carcinógenos ambientales que estimulan especialmente la actividad de la bomba sodio-potasio (Na+/H+). Y,


5) Siendo ello así el cáncer puede afrontarse induciendo selectivamente la acidificación intracelular de las células tumorales y, paralelamente, la alcalinización del pH intersticial tumoral; por ejemplo llevando inhibidores de los intercambiadores de protones a las células y tejidos cancerosos.


Nuevo paradigma que contradice la tesis actual de que «cáncer» no es más que una palabra que define a un conjunto de 200 enfermedades distintas que deben ser tratadas con cientos de combinaciones farmacológicas diferentes.


Pues bien, ahondando en esta tesis acaban de aparecer dos nuevos artículos: uno titulado Microenvironmental acidosis in carcinogenesis and metastases: new strategies in prevention and therapy, (Acidosis microambiental en la carcinogénesis y metástasis: nuevas estrategias en la prevención y terapia) publicado en Cancer Metastasis por Stefano Fais y Giulietta Venturi -ambos del Instituto Superior de Sanidad de Roma (Italia)- y Robert Gatenby -del Moffitt Cancer Center de Florida (EEUU)- y otro titulado Glycolysis, tumor metabolism, cancer growth and dissemination. A new pH-based etiopathogenic perspective and therapeutic approach to an old cancer question, (Glucólisis, metabolismo tumoral, crecimiento del cáncer y diseminación. Nueva perspectiva etiopatogénica y aproximación terapéutica a la vieja cuestión del cáncer basada en el pH) publicado en Oncoscience  por el oncólogo español ya citado Salvador Harguindey -miembro del Instituto de Biología Clínica y Metabolismo de Vitoria (España)- junto a otros investigadores que remarcan la tesis que acabamos de resumir.


NUEVAS PERSPECTIVAS


En suma, para cada vez más investigadores no importa tanto lo que diferencia a unos y otros «tipos» de cáncer sino lo que tienen en común. A fin de cuentas las variedades moleculares y genéticas son de tal magnitud que podríamos estar buscando genes y moléculas durante décadas siendo lo más probable que cada vez que encontrásemos una nueva anomalía e intentáramos bloquearla solo conseguiríamos que la célula tumoral responda abriendo al poco tiempo una nueva ruta para poder proliferar. Lo inteligente es pues saber qué hay de común en todos los «tipos» de tumores y eso es, primordialmente, que las células cancerosas tienen un pH intracelular muy alcalino y logran sobrevivir, desarrollarse y proliferar indiscriminadamente en un entorno extracelular intratumoral hostil muy ácido.


Por lo que a la agresividad del cáncer se refiere y aunque el proceso bioquímico es mucho más complejo puede servirnos de ilustración una analogía: si la capa de contaminación repleta de productos tóxicos ácidos que cada verano se posa sobre las grandes ciudades aumentara durante muchos meses llegaría un momento en el que el ambiente se volvería tan hostil y ácido que nos veríamos abocados a cambiar tanto nuestra forma de vivir como de alimentarnos buscando ante todo sobrevivir a toda costa y por cualquier medio. Y si la situación es ya muy grave dejando incluso de respetar a nuestros vecinos, o sea, a las demás células del tejido social. Es más, muchos -los que pudieran porque no sería el caso de todos- optarían por migrar -metástasis- si el envenenamiento alcanza cotas imposibles de aguantar haciéndolo como un ejército en desbandada; es decir, arrasando con todo si es necesario con tal de huir de la muerte.


EL PH NECESARIO


¿Y qué es el pH? Pues un índice numérico que indica el grado de acidez o alcalinidad relativa de una sustancia en función de una escala que va de 0 a 14 cuyo punto de neutralidad es 7 e indica el grado de concentración de iones de hidrógeno. Un pH que se considera sano y adecuado en sangre cuando está entre 7,35 y 7,45 indicando una cifra mayor que la sangre está alcalina y una menor que está ácida. Obviamente cuanto más alta o baja es la cifra más alcalina o ácida está la sangre (y cualquier otra sustancia más o menos líquida: la orina, la saliva, un zumo de frutas…).


¿Y de qué depende que una célula tenga un pH más o menos alcalino o ácido? Pues del intercambio de iones que tiene lugar entre el citoplasma de la célula y el exterior, algo que se desarrolla a través de la membrana celular. Ahora bien, el pH adecuado no es el mismo en los diferentes tejidos y órganos. Lo que sí es evidente es que tanto una acidificación como una alcalinización extremas pueden llevar a la muerte.


Y así pasa no solo en el organismo. Toda la vida en la Tierra depende de que los niveles de pH sean los adecuados y empieza a no ser así pues en el último siglo, debido al aumento de la contaminación, el pH del océano ha descendido de 8,2 a 8,1. Apenas una décima y sin embargo se ha constatado ya su impacto negativo en la vida marina y en los arrecifes de coral.


Hasta el pH del suelo en el que cultivamos las plantas es vital pues determina el contenido mineral de los alimentos que comemos y no se olvide que son los minerales orgánicos que introducimos en el organismo los que éste utiliza para regular el pH interno. Añadiremos que el pH ideal del suelo que permite una adecuada presencia de nutrientes esenciales está entre 6 y 7; los suelos ácidos con un pH por debajo de 6 muestran carencia de calcio y magnesio y los que están por encima de 7 déficit de hierro, manganeso, cobre y zinc.


A ello hay que agregar un dato importante: la dieta occidental actual es en general ácida debido a los alimentos que consumimos -muchos con azúcares de todo tipo- y a la forma en que los cultivamos y procesamos -la temperatura elevada los desnaturaliza por ejemplo-. Luego además de contaminar el aire nos estamos acidificando a causa de una alimentación inadecuada y un proceso industrial de manipulación perjudicial; especialmente debido a la ingesta de proteínas animales -entre las que destacan los lácteos- y cereales -y no solo por su contenido en gluten. Problema que agrava hoy la absurda ingesta de fármacos y el abusivo uso de tóxicos químicos presentes en multitud de productos.


En suma, el pH es vital para la salud y por eso el organismo dispone de mecanismos que trabajan constantemente en la búsqueda del equilibrio ácido-alcalino; eso sí, del adecuado para cada tejido. Todos están de acuerdo en eso. Donde existen divergencias entre investigadores y médicos es en si la alimentación influye decisivamente o no en casos de cáncer y otras patologías degenerativas y en si un tratamiento integral -y no específico dirigido contra las células cancerosas y la zona tumoral- puede ser más eficaz.


¿EL CÁNCER EMPIEZA DENTRO O FUERA DE LA CÉLULA?


Pues bien, Otto Warburg -galardonado con el Nobel de Fisiología o Medicina por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria- aseguraría que la cancerización de una célula sana se produce cuando al hallarse en un terreno muy ácido con un déficit de oxígeno superior al 60% durante largo tiempo se ve obligada para poder sobrevivir a cambiar su patrón metabólico de producción de glucosa mediante oxígeno -producción aeróbica- por el de fermentación anaeróbica (sin oxígeno). Es decir, al no tener suficiente oxígeno para oxidar la glucosa recurre de forma paralela -no exclusiva al principio pero sí de forma principal con el tiempo- a obtenerla fermentándola. Un proceso que conlleva la secreción al exterior de lactato en lugar de piruvato (que es lo que se segrega al oxidar la glucosa)  lo que acidifica el entorno agravando el problema de la hipoxia. Y si es necesario multiplicándose rápidamente en un intento desesperado de permanecer cuando la energía así obtenida no es suficiente. Así lo explicaría en su libro El metabolismo de los tumores.


Lo que no supo porque no había medios técnicos para ello es que el citoplasma de la célula cancerosa es alcalino y no ácido; ni que esa alcalinización intracelular parece deberse al intercambio de iones entre el interior  y exterior de la célula siendo ello lo que la convierte una célula sana en cancerosa. Ahora bien, aunque Warburg coligió erróneamente que la célula cancerosa es ácida cuando en realidad su citoplasma es alcalino su propuesta de combatir el cáncer desintoxicando, alcalinizando y oxigenando el organismo, tanto a nivel local como global, sigue siendo a juicio de muchos expertos la mejor solución. Porque eso hace que el espacio intersticial se limpie, fluya mejor el oxígeno y las células puedan nutrirse adecuadamente. Luego un abordaje idóneo pasaría por una alimentación basada en alimentos alcalinos o alcalinizantes (como el limón). Una tesis que sin embargo no todos comparten por entender que así no es posible acabar con la alcalinización intracelular de las células cancerosas y hay pues que actuar directamente sobre ellas.


Cabe añadir que centros norteamericanos de investigación oncológica -como los de Moffitt Cancer Center, South Carolina Cancer Center y 21th Century Oncology- y europeos -como los del Laxdale Institute de Stirling (Escocia), el Instituto de Sanidad de Roma y la Universidad de Bari (Italia)- han constatado que las células cancerosas también producen glucosa oxidándola, es decir, que trabajan en  presencia de oxígeno. Algo que a juicio de varios expertos echa abajo la tesis de que las células cancerosas solo obtienen energía mediante fermentación… ¡cuando no es así! Porque las células sanas privadas de suficiente oxígeno empiezan utilizando los dos mecanismos de producción de ATP -oxidación y fermentación- simultáneamente. Siendo con el paso del tiempo, al faltarles gravemente oxígeno, cuando la fermentación se convierte en su principal -y a veces sí, puede que única- vía energética.


Eso sí, mientras por la primera vía -la aeróbica- se generan 36 moléculas de ATP por mol de glucosa con la segunda se obtienen solo 2; lo que explica el enorme consumo de glucosa por las células cancerosas para sobrevivir y de ahí que algunos propongan precisamente combatirlas privándolas -temporalmente- de ella. ¿Cómo? Pues no ingiriendo azúcares, carbohidratos refinados y zumos de frutas; es decir, siguiendo una dieta cetogénica.


En pocas palabras, mientras unos postulan que la acidificación intratumoral la provocan las células cancerosas al expulsar lactatos como desecho durante la fermentación de la glucosa otros entienden que se debe a la acidificación e hipoxia del espacio intersticial de la zona del organismo -o de todo él- siendo eso lo que hace que el espacio intersticial del tumor -o de la zona tumoral- también se acidifique y quede sin oxígeno. Solo que algunos más -como la World Association for Cancer Research (WACR)– postulan que ello se produce por ambas cosas simultáneamente.


Por otra parte, ¿condiciona eso el tratamiento? Es discutible pero lo importante es que los tres enfoques chocan con el actual paradigma oncológico y obligan a replantearse todo: la etiopatogénesis, la activación de los oncogenes, la neovascularización y angiogénesis de los tumores, el proceso metastásico, la apoptosis selectiva, la resistencia a la quimioterapia e incluso el fenómeno de la llamada «regresión espontánea del cáncer. Porque hoy prima entre quienes proponen el nuevo paradigma oncológico algo que parece obvio: la clave está en el pH -en el equilibro ácido-base de todo el organismo- y, por ende, en el grado de intoxicación que sufre, en la cantidad de oxígeno y nutrientes que transporta y, en definitiva, en si existe o no una adecuada homeostasis.


Un planteamiento global que no puede reducirse a un enfoque antiácido como creen algunos investigadores como el ya mencionado Robert Gatenby quien llega a afirmar en uno de sus textos lo siguiente: «El enfoque antiácido puede considerarse una estrategia de futuro contra los tumores: tanto  para prevenir la aparición del cáncer como para tratar pacientes con múltiples objetivos. Puede ser más eficaz que las terapias existentes y de menos efectos secundarios sistémicos permitiendo controlar mejor el crecimiento del tumor, su progresión y metástasis. Puede hacerse ya de hecho con moléculas conocidas como los inhibidores de la bomba de protones y tampones como el bicarbonato de sodio, el citrato y el TRIS (abreviatura de Tris(hidroximetil)aminometano)”.


LOS INHIBIDORES DE LAS BOMBAS DE PROTONES


Es decir, Gatenby -al igual que Stefano Fais- propone alcalinizar la zona tumoral usando inhibidores de las bombas de protones, productos muy conocidos que básicamente se utilizan como antiácidos en las patologías gastrointestinales: omeprazol, lansoprazol, esomeprazol, pantoprazol y rabeprazol. Y es que según han comprobado su consumo permite reducir la acidez del tumor revirtiendo el gradiente pHi/pHe.


Apoyando su utilidad en otro hecho: permite también superar la resistencia a la quimioterapia de algunos tumores. Algo que constató un equipo dirigido por Peter Würl -su trabajo se publicó en 2011 en Journal PLos con el título Omeprazole Inhibits Proliferation and Modulates Autophagy in Pancreatic Cancer Cells (El omeprazol inhibe la proliferación y modula la autofagia en células pancreáticas cancerosas)– según el cual el omeprazol modula la resistencia a los quimioterápicos -tanto in vitro como en xenoinjertos de tumores en ratones- y mejora los efectos de los fármacos citostáticos.


Ese mismo año un equipo coordinado por Stefano Fais publicó en Journal of Translational Medicine un trabajo titulado Lansoprazole as a rescue agent in chemoresistant tumors: a phase I/II study in companion animals with spontaneously occurring tumors, (El lansoprazol como agente de rescate en tumores quimiorresistentes: estudio fases I y II en animales de compañía con tumores que se presentan espontáneamente) y según se explica en él 34 animales de compañía -27 perros y 7 gatos- fueron tratados añadiendo a los quimioterápicos altas dosis de lansoprazol -otro inhibidor de la bomba de protones- comparando los resultados con los de otros 17 -10 perros y 7 gatos- a los que solo se dio quimioterápicos. Y ésta fue su conclusión: “El inhibidor de la bomba de protones a altas dosis indujo la reversión de la quimiorresistencia del tumor y mejoró la calidad de vida de los animales domésticos tratados con él durante las etapas iniciales del cáncer en la mayoría de los casos. Y fueron bien tolerados. Se necesitan sin embargo más estudios para evaluar la eficacia de esta estrategia en cánceres avanzados, tanto en animales de compañía como en seres humanos”.


Y dos años después -en 2013- Stefano Fais publicaría un nuevo trabajo en Journal of Translational Medicine con el título Proton pump inhibitor chemosensitization in human osteosarcoma: from the bench to the patients’ bed (Quimiosensibilización del inhibidor de la bomba de protones en el osteosarcoma humano: desde el banquillo a la cama de los pacientes, primer trabajo que informa ya de investigaciones preclínicas y clínicas de un inhibidor de la bomba de protones en un osteosarcoma humano. Siendo ésta una de las conclusiones: “Los datos preclínicos muestran claramente que los inhibidores de la bomba de protones pueden afectar directamente a la sensibilidad de las células de osteosarcoma humano a los quimioterapéuticos -como el cisplatino- lo que sugiere que podrían utilizarse a dosis reducidas para intentar lograr un mejor perfil de toxicidad. Los datos clínicos –como la necrosis tumoral inducida por quimioterapia- suponen la primera prueba de que los inhibidores de la bomba de protones pueden ser incluidos en las futuras estrategias contra el cáncer; en particular en el tratamiento de pacientes con osteosarcoma. La alta tasa de respuesta patológica en pacientes con la variante condroblástica de osteosarcoma recomienda hacer más estudios para evaluar la relación entre los inhibidores de la bomba de protones y los tumores del sarcoma con componente condroblástico”.


Agregaremos que hay muchos otros trabajos que han constatado -in vitro y en  animales- que los inhibidores de la bomba de protones -conocidos «antiácidos»- dan resultados parecidos en muy distintas células tumorales humanas: melanomas, linfoma tipo B, cáncer de páncreas, carcinoma gástrico, sarcoma de Ewing, osteosarcoma, rabdomiosarcoma y condrosarcoma.


UTILIDAD DEL BICARBONATO SÓDICO


Otra de las propuestas de un grupo de investigadores es el uso de bicarbonato sódico como amortiguador del crecimiento tumoral aprovechando sus propiedades antiácidas; propuesta que obviamente no tiene nada que ver con la del oncólogo italiano Tulio Simoncini para quien la causa principal tanto de la acidificación del organismo como del cáncer es la proliferación descontrolada del hongo Cándida Albicans que sucumbe rápidamente ante él. Lo que no quiere decir que, sin coincidir con la teoría, no se puedan conseguir resultados similares utilizando el bicarbonato sódico bajo otros criterios.


El propio Dr. Gatenby publicaría en marzo de 2009 en Cancer Research un trabajo titulado Bicarbonate Increases Tumor pH and Inhibits Spontaneous Metastases (El bicarbonato aumenta el pH del tumor e inhibe las metástasis espontáneas) en cuyas conclusiones puede leerse esto: “Nuestros datos demuestran que la ingesta de bicarbonato reduce significativamente la incidencia de metástasis en modelos experimentales de cáncer de mama y próstata. No se sabe si el bicarbonato ejerce ese efecto porque disminuye la supervivencia de las células tumorales circulantes (aunque los números no se ven afectados) o porque inhibe la colonización en el sitio metastásico pero el aumento del pHe redujo significativamente la liberación de una proteasa lisosomal: la catepsina B”. Y de nuevo se indica  que hacen falta más estudios para establecer las dosis más adecuadas y el tiempo de tratamiento. Eso sí, no está de más recordar que el bicarbonato sódico ya se infunde por vía intravenosa en situaciones de emergencia -como traumas o paro cardiacos- precisamente para reducir la acidosis sistémica. Y asimismo se administra a los enfermos con insuficiencia renal. Hay pues suficiente experiencia clínica sobre sus posibilidades y efectos (positivos y negativos).


Cabe añadir que la FDA aprobó recientemente la realización de un trabajo titulado A Pilot Study of Oral Bicarbonate as Adjuvant for Pain Reduction in Patients with Tumor Related Pain (Estudio piloto sobre la ingesta de bicarbonato como adyuvante para reducir en enfermos dolores relacionados con el tumor) tras asumir un estudio titulado Bicarbonate for Tumor Related Pain sobre dos enfermos que usaron en el Moffitt Cancer Center bicarbonato de sodio para mitigar sus dolores. Uno con carcinoma de células renales metastásico y otro con adenocarcinoma de páncreas metastásico cada uno de los cuales consumió entre 75 mg y 1 gramo por kilo al día (entre 5 y 7 gramos para alguien con 70 kg). Sin efectos adversos. El trabajo indica que el primero no recibió tratamiento médico convencional alguno a pesar de lo cual seguía estando clínicamente estable al cabo de 2 años mientras el segundo fue tratado además con platino y se mantuvo estable 1 año. “El paciente con cáncer de páncreas aseguró que el bicarbonato le había quitado el dolor de espalda que le apareció tras encontrarse el tumor permitiéndole dejar de tomar analgésicos y reanudar su actividad por completo, incluyendo el esquí de fondo”. Los autores del trabajo  -cuyo investigador principal fue Robert Gillies– se mostraron convencidos de que el bicarbonato sódico puede neutralizar la acidez del tumor sin afectar al pH sistémico así como inhibir las metástasis espontáneas. Concluyendo: “Hemos llegado a la conclusión de que el bicarbonato disminuye el nivel de acidosis y eso ralentiza el desarrollo del tumor”. Contundente.


En suma, parece evidente que los inhibidores de la bomba de protones y las sustancias tampón permiten reducir la acidez, mitigar el dolor ayudando a soportar mejor los quimioterápicos y quizás ralentizar el crecimiento tumoral… pero nada más. Salvo que se aborden nuevos trabajos sobre su utilidad en solitario, es decir, sin el uso paralelo de quimioterápicos.


Agregaremos que hay otra sustancia que alcaliniza y podría utilizarse en casos de cáncer: la lisina. Lo avala un trabajo del grupo de los doctores Gatenby y Gillies publicado en 2011 en Journal of Cancer Science and Therapy titulado Free Base Lysine Increases Survival and Reduces Metastasis in Prostate Cancer Model (La lisina base libre incrementa la supervivencia y reduce las metástasis en un modelo de cáncer de próstata) según el cual la lisina -al menos en el animal utilizado- alcaliniza el lumen del estómago y con ello la disponibilidad de bicarbonato en sangre en lo que se conoce como «marea alcalina». Llegando a aseverar en él: “La lisina inhibe sustancialmente el desarrollo de metástasis y prolonga la supervivencia”. Lo que corrobora lo que sobre ese aminoácido afirmó el premio Nobel Linus Pauling según el cual la ingesta conjunta de lisina y vitamina C ayuda a inhibir las metástasis.


¿Y UNA DIETA ALCALINIZANTE?


Quienes postulan la necesidad de cambiar el obsoleto paradigma oncológico coinciden en suma en que hay una característica común en el cáncer: el interior de las células cancerosas es alcalino y el espacio tumoral en el que se agrupan ácido. Solo que mientras unos entienden que la solución pasa por acidificar el interior de las células cancerosas otros postulan que pasa por alcalinizar y oxigenar el tumor porque ello hará que simultáneamente se acidifique el interior de las células cancerosas. Lo que apoyan en el hecho de que al igual que todo tiene dos polos -uno positivo y otro negativo- atrayéndose los opuestos y repeliéndose los del mismo signo en el caso del pH pasa algo similar y si el espacio interior de las células cancerosas es alcalino se debe a que extracelularmente el terreno es ácido. Todo ello en el bien entendido de que de lo que finalmente se trata es de que el pH sea el adecuado -no ácido o alcalino- en cada tejido para que el organismo esté en homeostasis. Y eso solo puede lograrse dejando que sea el propio cuerpo el que se autorregule usando métodos naturales carentes de efectos adversos.


Se parte pues de la base de que si una célula sana se «canceriza» -y alcaliniza intracelularmente- la causa tiene que estar en algo que le ha afectado negativamente. Tal es la tesis que mantiene la World Association for Cancer Research (WACR), entidad para la que el cáncer puede provocarlo por ejemplo una radiación que altere el ADN celular o el desequilibrio del pH con la consiguiente pérdida de la homeostasis; desequilibrio que provocaría la intoxicación del organismo -y hay multitud de tóxicos hoy que se introducen en nosotros a través del aire, el agua, los alimentos, los aditivos, los fármacos, los textiles y los productos de higiene y limpieza- impidiendo eso que funcione bien el sistema depurativo y haya un evidente ensuciamiento orgánico -especialmente del sistema linfático (lo que incluye el líquido intersticial-, algo que priva a muchas células de oxígeno y nutrientes y las obliga para sobrevivir a obtener la energía mediante fermentación anaeróbica de la glucosa y, en casos desesperados, a recuperar su capacidad de reproducción (multiplicándose y dando a veces lugar su agrupación -depende del tiempo que dure esa situación- a los tumores). Todo un cuadro que permite contraer infecciones, problemas en los ciclos metabólicos y disfunciones orgánicas y sistémicas de muy distinto tipo. De ahí que la WACR y quienes asumen esta explicación del origen del cáncer entiendan que cualquier patología degenerativa y crónica -cáncer incluido- pasa siempre por desintoxicar el organismo, oxigenarlo, desinfectarlo, equilibrar el pH, eliminar los bloqueos físicos y energéticos, nutrirlo correctamente y elevar las defensas. Una actuación global y sistémica en suma que permita recuperar la homeostasis perdida.


Posición que considera pues insuficiente y poco eficaz inducir selectivamente la acidificación intracelular de las células tumorales y la alcalinización del pH intersticial tumoral, sea con sustancias tampón o con inhibidores de los intercambiadores de protones. Y que obviamente considera un sinsentido afrontar los tumores extirpándolos -está demostrado que solo cuando son muy pequeños y están completamente aislados la cirugía es útil lo que acaece en contadísimas ocasiones-, envenenándolos con quimioterápicos o quemándolos con radioterapia. Tal estrategia belicista debe superarse porque sus resultados están lejos de ser los esperados. Lo mismo que no es en modo alguno suficiente ingerir solo productos naturales por muchas propiedades «anticancerígenas» que los mismos tengan.


En un protocolo integral de actuación juega pues un papel muy importante seguir una dieta alcalina o alcalinizante -hoy se sabe que las frutas (no los zumos, demasiado ricos en fructosa), las verduras y las legumbres son alcalinas y las carnes rojas, lácteos, azúcares, zumos de frutas, carbohidratos refinados, bebidas alcohólicas y café ácidos siendo en general neutros los aceites de primera presión en frío- pero no suficiente. Tienen razón pues quienes afirman que solo así no se revierte la situación de una persona con cáncer pero se equivocan si arguyen que no es por ello importante seguirla. Lo es y mucho.


#GUIA_BÁSICA_TRATAMIENTO_DEL_CÁNCER Autor: #Discovery

Formato (PDF) 150 páginas👇👇👇👇

#CONTENIDO ✅1. Origen del Cáncer y PH ✅2. Cáncer: Potenciando el #sistema_nmune. ✅3. Cáncer: #Deshauciados y Estimulación de defensas. ✅4. Cáncer: Restricción de uso de #glucosa. ✅5. #Progresión del Cáncer: Acumulación de grasa. ✅6. Cáncer: #La_dieta alcalina. ✅7. #VITAMINA A, eficaz contra el cáncer. ✅8. Eficacia de la CURCUMINA en #casos de cáncer. ✅9. Cáncer: #Acetogeninas, potente #anticancerígeno. ✅10. Cáncer: #Fitoterapia con Kalanchoe. ✅11. Cáncer de Estómago(casos) ✅12. Cáncer: Tratamiento con #Ozonoterapia(casos) ✅13. Cáncer: Uso del Ascorbato de Potasio. ✅14. Cáncer: Destrucción de #células #cancerosas con campos eléctricos pulsantes. ✅15. Cáncer: Cαηαβis anticancerígeno. ✅16. Cáncer: Uso de #BICARBONATO de sodio 📙Libro digital PDF #envio vía #whatsApp #Pago/Transferencia/#Depósito: S/.50.oo 👉Ahorros #INTERBANK 898 313 590 6311 👉#Código Interbancario: 003-898-013135906311-45 #Contacto: al WhatsApp ☎ +51 997111621

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